29 junio, 2011
No, no pone Bildubastián 2016
Si "media" España está indignada con la elección de San Sebastián como Capital Cultural Europea en 2016, más lo estoy yo con los argumentos esgrimidos por muchos individuos que no pueden presumir de cultura, precisamente. No voy a decir que esperara que mi ciudad saliera elegida, pero por lo menos conozco de primera mano su propuesta, a través de un reportaje que elaboré en octubre. Esta entrada va dedicada a aquellos que, sin darse cuenta, se han vuelto más radicales que el propio Bildu.
Me refiero a gente como Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza (también candidata), que ha dejado perlas como estas: "Habría felicitado a cualquier otra ciudad", "el jurado ya tendrá tiempo de arrepentirse", "que vuelvan a hacer una valoración con exclusión del criterio político". Tampoco se ha quedado atrás la ministra cordobesa Rosa Aguilar: "Es un magnífico error. Córdoba era el proyecto ganador por méritos propios". Todo esto son quejas ante lo que consideran una decisión política, porque desde el jurado se dijo que para su designación habían tenido en cuenta el proceso de paz y demás.
Lo que no me queda muy claro es de qué se sorprende esta gente. Dicho de otra forma, no sé si es que no conocían el programa de San Sebastián o es que daban por hecho (como todo el mundo, yo incluido) que no saldría elegido, por ser arriesgado. Porque del dossier oficial, titulado "Olas de energía ciudadana - Cultura para la convivencia", se desprende un concepto de "cultura" abstracto, humanista, a modo de unión de formas de pensar y sentir distintas en torno a ella. Defiende que San Sebastián es la ciudad idónea en este sentido, como ejemplo de unidad frente a la violencia a través de la cultura y la comunidad, algo que interesa en la construcción de una Europa tan heterodoxa, y blablabla.
Esa fue la idea, donde los festivales de cine y de música, la gastronomía, la tecnología y los teatros permanecen en la periferia, como complemento o vehículo. Así pues, es natural que si San Sebastián ha salido elegida sea precisamente porque ha convencido con el rollo de la paz, los derechos humanos y la convivencia que tanto abunda en el dossier. Pedir su anulación a estas alturas, por lo tanto, está fuera de lugar y desmerece el trabajo y la ilusión de muchísima gente que lo podría querer tanto como cualquier otra candidata. Yo también esperaba que saliera Córdoba, por ejemplo, y comprendo que les haya podido dar rabia, pero de ahí a acusar la decisión de un jurado independiente de "política" hay un trecho muy grande.
Un paso más en este sentido dan los que añaden a Bildu en sus protestas, indignados por el hecho de que concedan la capitalidad a una ciudad gobernada por dicho partido. Parecen obviar, sin embargo, algunos detalles. En primer lugar, como hemos visto, el proyecto de San Sebastián (ideado en todo caso por el PSOE) se encuentra en un plano superior al juego político, por lo que su filosofía y programación están a prueba de cambios de partido. En segundo lugar, Bildu no cuenta ni con un tercio del pleno del Ayuntamiento, y debe rendir cuentas también a otras instituciones. Por último, de aquí a 2015 se prevé un gasto del 27% del presupuesto total, mientras que el grueso pertenece al propio año 2016, cuando se ejerce la capitalidad propiamente y cuando, con cierta probabilidad, Bildu ya no tendrá la alcaldía de la ciudad. Es entonces cuando se realizan las mayores labores de promoción, hasta entonces el trabajo se circunscribe más bien al ámbito interno.
Si bien su entorno fue el más reticente respecto a la conveniencia de San Sebastián de optar a la capitalidad de marras, Bildu ha dado síntomas de que, como representante de todos los ciudadanos, asumirá la responsabilidad de llevar a buen puerto el plan de una "cultura para la convivencia". Al fin y al cabo, de haber continuado el PSOE al frente, podría haberse pensado que la candidatura es cosa de un partido. Pero ahora, más que nunca, el Ayuntamiento está en disposición de demostrar que no importa quién gobierne, y que la energía ciudadana no entiende de politiqueos.
A mí, personalmente, me ha ilusionado ver a Juan Karlos Izaguirre (alcalde, de Bildu) abrazarse con Odón Elorza (exalcalde, del PSOE), y argumentar que caminamos "todos juntos", que "aparcando las diferencias se pueden hacer las cosas muy bien" y que su apuesta no es la de la confrontación sino "justo la contraria, la de aunar". Dejad que este donostiarra (yo, de Chispurfle) sea optimista por una vez. Que si hay una mayoría clara en San Sebastián y en Euskadi, es la de aquellos que elegimos la cultura en lugar de la violencia. La unión frente a las rencillas. El sentido común. Yes we can.
Y esas cosas.
Me refiero a gente como Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza (también candidata), que ha dejado perlas como estas: "Habría felicitado a cualquier otra ciudad", "el jurado ya tendrá tiempo de arrepentirse", "que vuelvan a hacer una valoración con exclusión del criterio político". Tampoco se ha quedado atrás la ministra cordobesa Rosa Aguilar: "Es un magnífico error. Córdoba era el proyecto ganador por méritos propios". Todo esto son quejas ante lo que consideran una decisión política, porque desde el jurado se dijo que para su designación habían tenido en cuenta el proceso de paz y demás.
Lo que no me queda muy claro es de qué se sorprende esta gente. Dicho de otra forma, no sé si es que no conocían el programa de San Sebastián o es que daban por hecho (como todo el mundo, yo incluido) que no saldría elegido, por ser arriesgado. Porque del dossier oficial, titulado "Olas de energía ciudadana - Cultura para la convivencia", se desprende un concepto de "cultura" abstracto, humanista, a modo de unión de formas de pensar y sentir distintas en torno a ella. Defiende que San Sebastián es la ciudad idónea en este sentido, como ejemplo de unidad frente a la violencia a través de la cultura y la comunidad, algo que interesa en la construcción de una Europa tan heterodoxa, y blablabla.
Esa fue la idea, donde los festivales de cine y de música, la gastronomía, la tecnología y los teatros permanecen en la periferia, como complemento o vehículo. Así pues, es natural que si San Sebastián ha salido elegida sea precisamente porque ha convencido con el rollo de la paz, los derechos humanos y la convivencia que tanto abunda en el dossier. Pedir su anulación a estas alturas, por lo tanto, está fuera de lugar y desmerece el trabajo y la ilusión de muchísima gente que lo podría querer tanto como cualquier otra candidata. Yo también esperaba que saliera Córdoba, por ejemplo, y comprendo que les haya podido dar rabia, pero de ahí a acusar la decisión de un jurado independiente de "política" hay un trecho muy grande.
Un paso más en este sentido dan los que añaden a Bildu en sus protestas, indignados por el hecho de que concedan la capitalidad a una ciudad gobernada por dicho partido. Parecen obviar, sin embargo, algunos detalles. En primer lugar, como hemos visto, el proyecto de San Sebastián (ideado en todo caso por el PSOE) se encuentra en un plano superior al juego político, por lo que su filosofía y programación están a prueba de cambios de partido. En segundo lugar, Bildu no cuenta ni con un tercio del pleno del Ayuntamiento, y debe rendir cuentas también a otras instituciones. Por último, de aquí a 2015 se prevé un gasto del 27% del presupuesto total, mientras que el grueso pertenece al propio año 2016, cuando se ejerce la capitalidad propiamente y cuando, con cierta probabilidad, Bildu ya no tendrá la alcaldía de la ciudad. Es entonces cuando se realizan las mayores labores de promoción, hasta entonces el trabajo se circunscribe más bien al ámbito interno.
Si bien su entorno fue el más reticente respecto a la conveniencia de San Sebastián de optar a la capitalidad de marras, Bildu ha dado síntomas de que, como representante de todos los ciudadanos, asumirá la responsabilidad de llevar a buen puerto el plan de una "cultura para la convivencia". Al fin y al cabo, de haber continuado el PSOE al frente, podría haberse pensado que la candidatura es cosa de un partido. Pero ahora, más que nunca, el Ayuntamiento está en disposición de demostrar que no importa quién gobierne, y que la energía ciudadana no entiende de politiqueos.
A mí, personalmente, me ha ilusionado ver a Juan Karlos Izaguirre (alcalde, de Bildu) abrazarse con Odón Elorza (exalcalde, del PSOE), y argumentar que caminamos "todos juntos", que "aparcando las diferencias se pueden hacer las cosas muy bien" y que su apuesta no es la de la confrontación sino "justo la contraria, la de aunar". Dejad que este donostiarra (yo, de Chispurfle) sea optimista por una vez. Que si hay una mayoría clara en San Sebastián y en Euskadi, es la de aquellos que elegimos la cultura en lugar de la violencia. La unión frente a las rencillas. El sentido común. Yes we can.
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3 comentario(s):
Completamente de acuerdísimo. Me gustan mucho los dos últimos párrafos y ese toque final del "yes we can". Y porcierto, otra cosa que parece se les ha olvidado, si Bildu ha llegado a la alcaldía es porque ha tenido los votos suficientes para ello.
¡Gracias, Sansi! Claro, es lo que ha dicho el jurado europeo. Que ellos han votado a la candidatura y allá líos con lo bien o mal que caiga el partido de turno, que mientras haya sido elegido democráticamente ellos no tienen nada que objetar.
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